Por Vil Txanclas / A lo mejor pocos en la comarca se acuerdan ya de Cristian Portilla, ese joven de poco más de 21 años que debutó la jornada pasada con el Sporting en Primera División y que tan sólo una semana después ha disfrutado hoy de su primera titularidad nada menos que ante el Barcelona. Uno más, pensarán algunos... pero otros mantenemos una especial querencia por este ex-jugador blanquiazul que durante una temporada, más bien mientras le dejaron, defendió los colores de la Ponferradina dejando muestras de su calidad y talento como futbolista que ni Consejo de Administración ni dirección deportiva supieron ver para darle mayor continuidad y minutos. Portilla fue ninguneado durante media temporada y no se le permitió participar en una fase de ascenso que, quien sabe, igual hubiese cambiado de signo con sus más que evidentes cualidades que Preciado, míster del Sporting, ya ha descubierto.
Pero este es el signo de este club. Se desprecia a quienes apuntan más cualidades, tesón y carácter (menos escandalosos, pero igualmente significativos, son los casos de Víctor Espasandín, ahora en el Barcelona B; Ernesto, exiliado en el Alcorcón y autor de un gol al Madrid que ya es historia; o Aitor Fernández, en las categorías inferiores del Espanyol B pero que no sería extraño que en cualquier momento tuviese su oportunidad en el primer equipo o el más reciente de Oliveira, de vuelta a su tierra después de haber disputado apenas dos partidos de Liga) todo en aras de las prisas que priman sobre todo lo demás.
Aquí los jóvenes se encuentran con la falta de comprensión y motivación que las nuevas generaciones necesitan para estallar definitivamente. Y lo que es más grave, eso no ocurre sólo con los de fuera sino también con los de casa, y lo acabaremos pagando. Portilla se encontró de cara con una idea caduca del fútbol y fue aislado, situado al limíte, y ahora ha encontrado todo lo que le faltó en Ponferrada: confianza, esperemos que muchos minutos en Primera división y un poco de suerte. Ahí podrá demostrar todo el fútbol que lleva dentro, que es mucho.
A los bercianos siempre nos quedará el recuerdo de su gol mágico frente al Sevilla, que hizo soñar con la hazaña, su celebración y su deseo de haber seguido en el club durante algunas temporadas más. El destino le ha brindado lo que aquí no tuvo: toda la suerte que da el trabajo serio, continuo y riguroso. |